El animador Chris Landreth realizó esta animación en el año 1995, momento en que se estrenó también Toy Story, primer largometraje de los estudios Pixar. Situándonos aquí, el trabajo visible en “The End” cobra el doble de importancia. Se trata de la historia de dos seres que se sorprenden del final de su historia, entonces, el autor empieza a intervenir hasta darse cuenta que él mismo también esta dentro de la ficción.
Esta historia nos permite crear dos espacios diferentes: el real (del autor) y el ficticio (de los personajes). La primera parte se desarrolla en el ficticio, aquí es dónde observamos la creación del espacio con una atmósfera ambigua y misteriosa con colores apagados y una iluminación muy fría. Los objetos que rodean a los personajes contribuyen a esta dimensión alegórica: fichas de ajedrez, manos que vuelan, bocas que hablan… La aparición de los personajes, que se crean en el propio escenario, el movimiento de los objetos y el hecho de que canten, convierten el espacio en una representación. Además, los personajes están iluminados por focos a lo largo de la escena. Éstos, tienen un diseño muy particular: sus caras están enteras pero el resto del cuerpo esta formado por una especie de venas o raíces y el pelo de sus cabezas, de modo que todo el movimiento que hacen se ve dibujado por muchas líneas.
En el momento en que los personajes se ven sorprendidos por una voz en off que no saben de dónde proviene, se produce un juego con el fuera de campo y los personajes se van acercando a la cámara en busca de esta voz que les habla. Entonces pasamos de ver al personaje de ficción a ver un dibujo del personaje de ficción, es decir, vamos al segundo escenario: el real (del autor). La cámara nos revela su imagen, aquí podemos admirar el gran trabajo de caracterización de Landreth. Las expresiones faciales mientras habla, el movimiento de los ojos, el pelo o el tratamiento de la piel, son aspectos que dotan a la animación de realismo. Además en este espacio también tenemos otros elementos decorativos que están muy trabajados como las velas encendidas, el proyector rodando, la ropa, la luz de la lámpara… el tratamiento de todos estos elementos aporta credibilidad y al mismo tiempo calidad a la animación.
Por último, destacar el gran momento del final dónde el autor va cambiando de aspecto físico gradualmente, sin ningún corte. Este trabajo resume un gran dominio de la técnica de la animación en 3D por la caracterización, el trabajo con las texturas, la fluidez de los movimientos, la creación de espacios y la iluminación.
Paula Vallejo
Junio 2010
El animador Chris Landreth realizó esta animación en el año 1995, momento en que se estrenó también Toy Story, primer largometraje de los estudios Pixar. Situándonos aquí, el trabajo visible en “The End” cobra el doble de importancia. Se trata de la historia de dos seres que se sorprenden del final de su historia, entonces, el autor empieza a intervenir hasta darse cuenta que él mismo también esta dentro de la ficción.
Esta historia nos permite crear dos espacios diferentes: el real (del autor) y el ficticio (de los personajes). La primera parte se desarrolla en el ficticio, aquí es dónde observamos la creación del espacio con una atmósfera ambigua y misteriosa con colores apagados y una iluminación muy fría. Los objetos que rodean a los personajes contribuyen a esta dimensión alegórica: fichas de ajedrez, manos que vuelan, bocas que hablan… La aparición de los personajes, que se crean en el propio escenario, el movimiento de los objetos y el hecho de que canten, convierten el espacio en una representación. Además, los personajes están iluminados por focos a lo largo de la escena. Éstos, tienen un diseño muy particular: sus caras están enteras pero el resto del cuerpo esta formado por una especie de venas o raíces y el pelo de sus cabezas, de modo que todo el movimiento que hacen se ve dibujado por muchas líneas.
En el momento en que los personajes se ven sorprendidos por una voz en off que no saben de dónde proviene, se produce un juego con el fuera de campo y los personajes se van acercando a la cámara en busca de esta voz que les habla. Entonces pasamos de ver al personaje de ficción a ver un dibujo del personaje de ficción, es decir, vamos al segundo escenario: el real (del autor). La cámara nos revela su imagen, aquí podemos admirar el gran trabajo de caracterización de Landreth. Las expresiones faciales mientras habla, el movimiento de los ojos, el pelo o el tratamiento de la piel, son aspectos que dotan a la animación de realismo. Además en este espacio también tenemos otros elementos decorativos que están muy trabajados como las velas encendidas, el proyector rodando, la ropa, la luz de la lámpara… el tratamiento de todos estos elementos aporta credibilidad y al mismo tiempo calidad a la animación.
Por último, destacar el gran momento del final dónde el autor va cambiando de aspecto físico gradualmente, sin ningún corte. Este trabajo resume un gran dominio de la técnica de la animación en 3D por la caracterización, el trabajo con las texturas, la fluidez de los movimientos, la creación de espacios y la iluminación.